jueves, 23 de agosto de 2018

Si la calle está llorando,
yo la abrazo.
Me abrigo de sus ruidos
 y camino
tropiezo con miradas
A algunas les temo
a otras, solo las vivo.

Y cuando el aire me envuelve
con un viento frío
que comienzo a disfrutar
algo en mi se enciende,
algo como un cosquilleo
que baja por mi panza
hasta mis pies
opacando los gritos
de mi mente.

Si la calle está gritando,
yo elevo mi voz, también
de la forma que salga
con el color que surja
para pintar
aquellos cuerpos mudos.

Si la calle está vibrando
yo tiemblo con ella
y sacudo las fibras
de mi alma
bajo sus cimientos.
sintiendo su recorrido
en todo mi tejido.

Y si la calle
mansión de encuentros
está en peligro
saldremos a encender la luz
de nuestra lucha
para cuidar que no se apague.

Y que la llama
aparte de abrigarnos
nos encienda.
Que se transforme
en un fogón gigante
en el que además de mirarnos las caras
nos miremos el alma
y aparte de estar cerca

...nos encontremos.



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