sábado, 13 de mayo de 2023
No salvaremos al mundo por plantar árboles, ni por salvarle la comida del día a esa niña en el tren. No salvaremos al mundo haciendo payasadas, logrando que un desfile de gente apurada sonría. No lo salvaremos por decir buen día al entrar a un local, ni por enseñar lo poco que sabemos, sin pedir nada a cambio. No salvaremos al mundo por cuidar la huerta más que a la billetera, ni reciclando, ni haciendo mil macetitas con "basura" rescatada, ni negándonos a las bolsitas de plástico en el mercado. Sobre todo, porque en ese pequeño rato que nos lleva pasar un plantin a una botella cortada, hay una artillería de fábricas produciendo plásticos sin ningún tipo de recaudos y para nada más que su propio beneficio. No salvaremos al mundo haciendo eco-ladrillos o artesanías recicladas, ni retando a la gente mugrienta que tira basura en la calle. Lamentablemente tampoco lo salvaremos con excelentes inventos, como aquellos que pueden limpiar océanos, o aquellos que logran proveer energía, procesando los residuos y sin contaminar, o modificando todo lo que existe y contamina, a su versión biodegradable. No salvaremos el mundo con ideas hermosas y verdaderas, como que los vehículos podrían funcionar con tantas otras cosas que no son petróleo, o que el trueque es sostenible, o que es posible vivir lejos de tanto consumismo. Ni lo salvaremos con largas jornadas de limpieza en ríos o playas, porque quienes ensucian lo volverán a hacer en cuanto terminemos. No salvaremos al mundo volviendo atrás, para reemplazar de nuevo y para siempre el cemento por el barro, para construir con nuestras propias manos el hogar y llevar una vida repleta de lo que es esencial. No lo salvaremos recitando poesía revolucionaria, ni esquivando normas que no tienen sentido. No lo salvaremos, porque todavía somos pocos. Pero ganaremos pequeñas batallas, que quedarán vivas por siempre. No salvaremos al mundo intentando salvarlo.. Pero salvaremos la esperanza, que es probablemente más importante.
Busco todas las noches
infaltablemente
la luna
la busco desesperada,
como quién busca algo que resalte
en un bosque oscuro y lleno de árboles similares,
como quien busca algo que distraiga
en una noche repleta de pensamientos atrapantes.
Busco las alas de mis ojos
entre los pájaros de tu mirada
y todo vuela mientras te veo danzar
entre fuegos cálidos y presentes.
Busco a la poesía
como forma de reivindicarme,
como un reflejo que queda titilando
en las pupilas de mi día
y me hace cerrar los ojos en paz.
Busco a esa niña arriesgada,
que trepa árboles altísimos para su altura,
y que alza la voz bien firme para contar lo que quiere.
Busco a esa mujer fuerte,
entre la tranquilidad y los tiempos fríos,
busco a los fantasmas que hay debajo de mis pies,
esos que me hacen vacilar los pasos,
busco que me escuchen los miedos,
y hasta darle batalla a la mente,
...busco porque puedo protegerme.
Busco quererme a mí,
lo que soy sin mirarme al espejo;
aquellos rastros color tierra entre la ropa,
aquellas historias que me tejen,
y una montaña de piel que solo me pertenece a mí.
Busco jugar con lo que canta mi pecho,
pero busco, sobre todo, oírlo cuando se queda en silencio.
Busco la magia en los rincones,
y busco esos rincones entre la inmensidad.
Busco universos en las miradas
y encuentro señales de nuestras miradas
en lo infinito de la galaxia.
Busco reírme de mis propios desaciertos,
y abrazarme esta vez,
ser valiente al preguntarme
si me animo...
con el miedo a contestar que sí,
pues quererme,
me adentra a puertas infinitas.
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