jueves, 17 de mayo de 2018

Nace una flor...

Tener un espacio en la red es tener una hoja en blanco en la cual puedo elegir qué escribir, como hacerlo, cuanto, y cuando... pero esa hoja luego sería como un avioncito, solo que en vez de llegar a un único lugar, se multiplica infinitamente y ya no puedo elegir como, ni cuando, ni a quienes llegan. Es algo que sucede.
Apretar el botón de publicar es que explote y estalle en mil pedazos y se esparza por dónde deba esparcirse y llegue a donde deba llegar.
Y eso... eso es lo mágico. Que tengo un papel en mis manos que puede llegar a lugares que nunca imaginé. Es un papel que no está a solas conmigo en el momento  de sentarme a escribir. Ni lo va a estar luego. El papel involucra más miradas, más personas, lo cual es desafiante.
Y todavía más desafiante, es no dejar de escucharme en ningún momento. Escribir como si estuviese sola pero buscando que me entiendan. No quebrar mi voz, y ser sincera conmigo, ser transparente, aunque mis palabras estén desnudas ante personas que no conozco.
Tener un espacio en la red, espacio enorme de palabras y miradas, para mi, es un poco como volver al pasado, cuando escribir era una de mis principales formas de descarga y de batalla. ¿Contra que luchaba en ese momento?
Creo que más que nada, contra mi misma.
Pero porque no me convencía tampoco el mundo en el que estaba inmersa.
Y hoy, tampoco lo hace.
Por eso mi lucha es contra todo eso que no me cierra.

Por eso mis palabras son balas que intentan desarmar todo lo que creo injusto, y romper las máscaras para que quede descubierto aquello que no se ve.

Tener un espacio en la red, no es tenerlo solamente...
Es que hay que construirlo con palabras y por eso, es un espacio que me hago.

Un espacio en la red, un espacio en mis días.

Para escucharme, escribirme, y leerme.



Que comience a volar el avioncito...