miércoles, 6 de junio de 2018

¿Qué es lo que estoy esperando que suceda,
para ser
todos los segundos,
esa persona que quiero ser?

¿Qué palabras estoy esperando
que lleguen a mi
si no me siento a escribirlas?

¿Qué letras pretendo que me abracen
y me curen
si no me escucho?

¿Cuántos centímetros voy a crecer por día
si no miro hacia arriba?

¿Como voy a controlar mi cuerpo
si no controlo
mis pensamientos?

¿Como voy a darme amor
en esos días que mis oídos se bloquean
con el ruido
de mis pasos corriendo
de un lado al otro
y no me permiten
escuchar lo que quiero?

...
Bueno, acá estoy
me llamé a mi misma
y respondí
algunas preguntas que tenía atravesadas
y también
algunas voces que tenía silenciadas.

Me llamé a mi misma
y mientras me llamaba
mi voz fue envolviéndose en calma.

Me llamé a mi misma
y me pedí tiempo;
para revivir
momentos que me sanaban
para reencontrar
emociones que me calmaban.

Me llamé a mi misma,
y me llamé a mi misma.
Así, con cada palabra.
...Y cuando terminé de pronunciar mi nombre
ya había creado algo nuevo
solamente escuchándome.

Me llamé a mi misma,
y me encontré
mi garganta saboreó
el trago de vino
mis piernas sintieron
el ronroneo del gato
mi corazón sintió
el corazón
plenamente vivo
de la poesía,
la fotografía en palabras
del momento que elijo guardar.

jueves, 17 de mayo de 2018

Nace una flor...

Tener un espacio en la red es tener una hoja en blanco en la cual puedo elegir qué escribir, como hacerlo, cuanto, y cuando... pero esa hoja luego sería como un avioncito, solo que en vez de llegar a un único lugar, se multiplica infinitamente y ya no puedo elegir como, ni cuando, ni a quienes llegan. Es algo que sucede.
Apretar el botón de publicar es que explote y estalle en mil pedazos y se esparza por dónde deba esparcirse y llegue a donde deba llegar.
Y eso... eso es lo mágico. Que tengo un papel en mis manos que puede llegar a lugares que nunca imaginé. Es un papel que no está a solas conmigo en el momento  de sentarme a escribir. Ni lo va a estar luego. El papel involucra más miradas, más personas, lo cual es desafiante.
Y todavía más desafiante, es no dejar de escucharme en ningún momento. Escribir como si estuviese sola pero buscando que me entiendan. No quebrar mi voz, y ser sincera conmigo, ser transparente, aunque mis palabras estén desnudas ante personas que no conozco.
Tener un espacio en la red, espacio enorme de palabras y miradas, para mi, es un poco como volver al pasado, cuando escribir era una de mis principales formas de descarga y de batalla. ¿Contra que luchaba en ese momento?
Creo que más que nada, contra mi misma.
Pero porque no me convencía tampoco el mundo en el que estaba inmersa.
Y hoy, tampoco lo hace.
Por eso mi lucha es contra todo eso que no me cierra.

Por eso mis palabras son balas que intentan desarmar todo lo que creo injusto, y romper las máscaras para que quede descubierto aquello que no se ve.

Tener un espacio en la red, no es tenerlo solamente...
Es que hay que construirlo con palabras y por eso, es un espacio que me hago.

Un espacio en la red, un espacio en mis días.

Para escucharme, escribirme, y leerme.



Que comience a volar el avioncito...