sábado, 13 de mayo de 2023

 


Busco todas las noches

infaltablemente
la luna
la busco desesperada,
como quién busca algo que resalte
en un bosque oscuro y lleno de árboles similares,
como quien busca algo que distraiga
en una noche repleta de pensamientos atrapantes.
Busco las alas de mis ojos
entre los pájaros de tu mirada
y todo vuela mientras te veo danzar
entre fuegos cálidos y presentes.
Busco a la poesía
como forma de reivindicarme,
como un reflejo que queda titilando
en las pupilas de mi día
y me hace cerrar los ojos en paz.
Busco a esa niña arriesgada,
que trepa árboles altísimos para su altura,
y que alza la voz bien firme para contar lo que quiere.
Busco a esa mujer fuerte,
entre la tranquilidad y los tiempos fríos,
busco a los fantasmas que hay debajo de mis pies,
esos que me hacen vacilar los pasos,
busco que me escuchen los miedos,
y hasta darle batalla a la mente,
...busco porque puedo protegerme.
Busco quererme a mí,
lo que soy sin mirarme al espejo;
aquellos rastros color tierra entre la ropa,
aquellas historias que me tejen,
y una montaña de piel que solo me pertenece a mí.
Busco jugar con lo que canta mi pecho,
pero busco, sobre todo, oírlo cuando se queda en silencio.
Busco la magia en los rincones,
y busco esos rincones entre la inmensidad.
Busco universos en las miradas
y encuentro señales de nuestras miradas
en lo infinito de la galaxia.
Busco reírme de mis propios desaciertos,
y abrazarme esta vez,
ser valiente al preguntarme
si me animo...
con el miedo a contestar que sí,
pues quererme,
me adentra a puertas infinitas.

lunes, 21 de septiembre de 2020









Que cuente la noticia, me pidieron hace ya 15 años. Yo comenzaba mi carrera como periodista para ese entonces, y me exigía a mí misma involucrarme de lleno en cada caso. No iba a contar la historia como cualquier otra. Porque ninguna historia debería ser simplemente una más. Tomé el artículo con algunos datos que me daban como base, y respiré profundo. Se venían muchos cambios; pronto me iría a trabajar a Corea, pero quería dejar una huella impactante en mi país antes de irme. Leí el nombre de la protagonista. Florencia Pennacchi. Flor. Mi amiga Flor, la que me había despedido con un gran abrazo hacía dos días, cuando me subí al colectivo para volver a casa.

¿Qué pasó? No pude derramar ni dos palabras de ese artículo ese año. Solo derramé horror e incertidumbre. Ahora, que estoy en Corea, no puedo saber con qué exactitud se la recuerda en Argentina, pero sí sé cuánto la sigo extrañando yo, y sé que su paradero sigue siendo desconocido.

Después de quince años por fín puedo poner en palabras, como periodista y como amiga, la historia de Flor. Y creo que es necesario.

Ella estudiaba Ciencias Económicas, y trabajaba en el Instituto de la Vivienda de la Ciudad. El 15 de marzo de 2005, organizó una fiesta en su casa para despedirme a mi… Y esa fue la última vez que vi su casa y que la vi a ella. Cuando entré al baño, media borracha, no imaginé que nunca más me reflejaría en ese espejo tan familiar para mí, con esos cartelitos para subir el autoestima que a ella siempre le gustaban. Cuando regresé para tirarme al sillón y chocarle mi vaso para decir, por enésima vez en la noche, “felicidades”, tampoco imaginé que ese sería nuestro último brindis. Nunca imaginé que la despedida iba a ser para siempre.

Ella nos acompañó a todos a la parada, siempre tan servicial. Eran cerca de las 2 de la mañana.

Después se pidió dos latitas de cerveza más, por delivery.

No sé si las llegó a disfrutar.

“Un misterio”, eso dicen del caso. Otra “desaparecida” más. Como periodista, exijo cambiar el vocabulario que utilizan los medios. A ver, que si la gente pudiera desaparecer por cuenta propia, la sociedad pasaría menos momentos bochornosos. A las mujeres las hacen “desaparecer” de su vida cotidiana. Las desaparecen de su cama de siempre, de su libertad, de su simpleza de elegir que quieren cenar y desayunar, y de su derecho de andar sintiendo miedos simples. A Flor le arrancaron esas cosas, no eligió dejar de sentirlas, no pudo despedirse. Le sacaron el miedo a volver a enamorarse, el miedo a las entrevistas de trabajo, el miedo a su próximo parcial. Y le dieron en cambio, un miedo constante a la muerte, que no es para nada un miedo simple. Le desaparecieron su risa fresca, la arrancaron de los abrazos de su familia y amigas. Le robaron las estaciones, el aire libre, la mente despierta. Le estrujaron la posibilidad de ser quien quería ser. Todo a cambio de encierro y manos desconocidas sobre su cuerpo. Y son evidentes los responsables, esto no es un misterio. Es una corrupción, una mirada para el costado, un negocio sucio que aplasta sueños y solo deja pesadillas...

Un negocio en el cual, la parte que da, no está dispuesta a dar.

Un negocio en el cual, ésta vez, el cliente no tiene la razón.

domingo, 19 de julio de 2020




Quiero
que se vayan
todos ustedes
los negociantes de bosques,
los burócratas de químicos
los que prohíben la medicina natural,
que se vaya Monsanto,
y su comida artificial,
los padres del petroleo,
los vendedores del aire,
y los que lo envenenan,
los fumigadores,
los compradores,
los comunistas,
y los dictadores,
quiero que se vayan todos
los que firman como dueños
el papel del mundo
y luego hacen un bollo
de promesas sanguinarias
quiero que se vayan
los empresarios
que emprenden caminos
de contaminación,
que se vayan también
los que los protegen
y te echan en cara
el paño en la vereda.
y que se vayan,
los que no están conformes
con una mansión,
quiero que se vayan
los jueces comprados,
los médicos que no quieren
ayudarte a abortar,
y se vayan aquellos
que te inyectan vacunas
de juguete,
que se vayan los curas violines,
y la fé domesticada,
que te impide cambiar.
quiero que se vayan,
los que habilitan la coca,
y te meten preso
por esa chalita
que tanto puede curar.
Quiero que se vayan,
las multinacionales asesinas,
quiero que se vayan todos,
quiero que se vayan ya.

¿Quién soy yo, me preguntarán, para echar a los otros?
Soy del otro bando, el que cuida el hogar.
Del bando que quiere
medicina natural,
del que tira
el paño en la vereda,
del que se cura,
con la chalita,
del bando que sí
quiere cambiar.
Del bando que no entiende
de papeles burócraticos
Del bando que puede crear
un mundo en el cual
...sea innecesario pelear.

Soy del bando
que no quiere plástico en el mar,
del que malabarea la calle,
y rasguña la historia,
con tanto dolor.
Soy del bando,
que no vive de comprar,
a mi me cura el abrazo del árbol
como el abrazo de mi mamá.

Y no soy débil por eso,
al contrario;
tengo el poder de los bosques en mi.
y quiero que se vayan
todos ustedes
y quedarme con la batalla
brillante
que da luz
a la selva
quedarme
entre los troncos
estáticos
rebeldes
y ancestrales

Quedarme
entre los troncos
con mi cuerpo firme
entre tu taladro
y mis raíces.

Yo te echo
porque esas raíces
eligen ser
de quien las cuida.

Yo te echo
del bosque
porque soy parte
de él.

Yo te echo...
porque soy del otro bando,
el que cuida el hogar.

Y que se vayan todos los demás

martes, 24 de marzo de 2020



De un manual de dichos viejos voy limpiando
una olla de dolores ya pasados
unos cuentos de brujas siendo malas
y de lobos que eran crueles si cazaban
y que el príncipe azul
es lo que quiere toda princesa
y que la casa de barro
de los cerditos
no tiene fuerza

De un manual de dichos viejos voy limpiando
los refranes que repetimos confundidos
que no gaste pólvora en chimango
Mi amigo
antes de gastarse
debería no crearse
que cuando hay hambre no hay pan duro
decimos
y si lo hay
y apretando
heladeras
que los niños callejeros
en sus mandíbulas
mastican el hambre
tragan el aire
y escupen pena

Y a grandes males
grandes remedios
escribe el manual
pero rasqueteo las hojas
y no hay encuentro
Ninguno
el mundo estropeado
va gritando
auxilios
y de las letras
se me caen
suspiros.
que los jubilados
no tienen remedios:
ni remedio es esa fruta
fumigada
que come sonriente
todo el pueblo
Acostumbrado
A levantarse
con veneno
entre los dientes.

vísteme despacio que tengo prisa
o desnudame pronto
que en tus manos
tengo risa

Y si decís verdades
perdés las amistades
mejor ser ser hipócritas
y cobardes
y abrazables
pero quien bien te quiere
te hace llorar
así que preparemos
nuestro compromiso
para las lágrimas
y hagamos los votos
de estos cuentos
miserables
que quedaron atascados
en los años
en los nidos
Y en los partos

Que la guerra avisada
sí mata soldados
y el que calla otorga
sobre todo entre milicos
con la gente silenciada
y quedándose quieta
en toque de queda
se entrega
cualquiera.

Del dicho al trecho
hay un gran trecho
la distancia no es otra
que empezar
Y el agua pasada no mueve molino
aunque hayan torbellinos de recuerdos.
Que en boca cerrada
no entran moscas
pues callemos
que el mundo está perfecto
nada tiene
para hacerle
(al revés te lo digo para que entiendas)




sábado, 15 de febrero de 2020

-A San Marcos Sierras, Córdoba-


Me estoy yendo con la emoción
galopando dentro del pecho,
como fuego intenso.
Con la lágrima atravesada
del rincón de los sabios
y aquel castillo
que está al final del cerro,
escondido en lo alto,
donde reina la magia.

Me estoy yendo con la foto,
impregnada en mi piel,
de la llama que mantuvimos viva,
de la charla que mantuvimos latente,
del silencio que mantuvimos quieto,
de la leña y la poca luz,
que nos alumbraba tanto.

Me estoy yendo con un cuerpo,
desconocido,
nuevo,
descubierto.
Con canciones y miradas,
y letras,
y tanta vida,
esperandonos.

Me voy llena de tormenta,
tal como llegué,
porque resulta que te gusta
el viento y el peligro.

Me llevo palabras
escritas a oscuras,
solo conmigo,
revolviendo emociones.

Me llevo tu abrazo,
y ese empujón que me diste,
indio querido,
para que siga adelante.

Me voy pero me guardo
tu sonrisa en mi vientre,
tus montañas que invitan a patalear,
a reir, a soñar, a jugar,
a soltar un grito desde el medio del alma.

Me voy, pero antes
voy a pararme en el centro de la soledad,
a desplumar todos mis sentimientos
y dejar caer gotas
desde mis ojos
hasta el río.
Dejaré que se mezclen
y se vayan,
como todo lo triste.
Que mi alma se limpie
y renazca,
que crezca fresca
y liviana
como una hoja que rueda y rueda
por el cerro empinado...

Y me despediré,
pidiendo que la arena de aquella playa
raspe las heridas,
que cada piedra,
me sostenga la confianza
por el resto del camino,
y que todos los recuerdos,
me inunden para siempre.

lunes, 6 de enero de 2020





No...
no es Chile.
Son antiguos dictadores
que salieron de los libros de historia
y hoy quieren repetirla
Son violaciones
enrejadas
en el tumulto
de lo visible,
y el dolor
de saberse muertx
por dispararle con paz
al frío del fusil.


No...
No es Ecuador
son los fuegos ardiendo
cada vez que alguien alza una pluma
O la mirada

No.
No es Colombia
son dos años
de activistas
asesinadxs
todos los días
son crímenes
para invisibilizar
a quien tiene valor
de no mirar al costado
Y son los traslados
de jóvenes asustados
emigrando porque en el país
no es bienvenida la libertad

Es ponerse un chaleco antibalas
para caminar por la montaña
solo para ir a cuidarla...

No.
No es México
es el abuso del poder petrolero
avanzando sobre el pueblo
que pide agua pura
Es la denuncia de extracción ilegal
que se escribe a balazos
Son las pesadillas
de lxs amenazadxs
torturando las noches.

No, no.
No es la India
es el recoveco escondido
que cuesta descubrir
porque está lleno de humo
o porque su voz
no puede respirar.

No...
no es Turkia
es festejar el cierre
de empresas asesinas
apuntando, y no al aire,
balas de sicarios
contratados
por sus jefes
enojadxs.

No...
no es Haiti.
es el precio
de la avaricia
del resto del mundo.
Es la desnutrición
en alimento
y educación
y la falta de agua
generada
por la desesperación
y la batalla
contra el sistema
que sin excusas
solo responde
con represión.

No...
no es Camboya
un lugar del mundo
muy conocido
pero se gritaron
un par de alaridos
que no llegaron hasta acá;
cuando un alma,
luchando contra la tala,
fue interceptada,
perseguida
y fusilada.
(Chut Wutty, 2012)

No.
no, no, no.
No es Guatemala
lo que antecede a Guatepeor
son indígenas
protegiendo sus derechos.
En la granja no crecerían balas
sin una lucha entre los yuyos
que está siendo tan regada,
si entendieran que la pacha
quiere estar con quien la cuida
si entendieran
que la pacha
es más que un techo,
una guarida.
(Isidro Perez y Melesio Ramirez, 2019)

No
No es Filipinas...
es el asesinato
de los que quieren abrazar la paz
Es la voz más asfixiada
y el silencio de los medios
Es el terror constante
por el futuro
Es el terror constante
por el presente
Es la cantidad de muertes
respaldadas
que vibran desde la tumba.
Es la tormenta de las mentes
que no pueden pensar en estudiar.
Es difícil pensar en algo más
con la muerte asechando tan cerca.

No... no es Brasil
Es el Amazonas ardiendo todos los días
para darle rienda suelta a la ganadería
y si con ello se mejora la economía
es solo porque a las vidas
las vuelven negocio
No es casual que el billete sea verde,
está manipulada toda esta mentira
no le creas a la pirámide rusa
que dice que la leche te alarga la vida.

No...
No es Argentina.
No es América Latina.

No...
no es el mundo.
Es la traición de los gobiernos
a lxs que quieren proteger al mundo,
apoyando el asesinato macabro
de quienes no queremos dinero,
porque entendimos que tiene más valor la paz.

No,
no es el mundo...

Es el sistema.

sábado, 9 de noviembre de 2019

   


   A la espera

de esto que todavía no siento,

perdida en los dibujos detallados, 

de aquella jaulita que nunca volví a ver. 



Hipnotizada, 

por las calles abiertas, 

la imaginación de mi mirada, 

y las cenizas de tus ojos mirándome. 


Antes de irte, 

rompiste los metales oxidados, 

que todavía le daban forma, 

a esa prisión. 


Y quedé sin nada que me atrape, 

más que mi costumbre a estar ahí, 

y la forma encapullada 

que adoptó mi cuerpo 

por permanecer quieta y acurrucada. 


Los huesos empezaron a cansarse, 

y vi huellas, 

pasos mas adelante, 

brillar. 


Entonces, 

un impulso sorprendió 

mis movimientos, 

y me fui. 


Robé la noche, 

y me volé,

con las plumas de otro día, 

De nuevo, robé la noche, 

y me volé, 

con secretos bajo la piel. 


El ruido del viento, 

se mezcló con la orquesta de la flor, 

el sonido del silencio, 

me sacudió, 

y llenó todo de magia. 



Observé a los brujos, 

embrujar a los que aún dormían, 

y el canto de algunas sirenas, 

abrazando olas nuevas. 


Las luces encendidas, 

imitando a las estrellas, 

y mi cara empapada de aire, 

abrazando el misterio que llegará. 


Algo en el aire, 

mantiene el hechizo vivo, 

siento que al fin, 

la magia que existe, 

aparece desnuda, 

temblando de miedo. 


Me invita un barco a lo lejos, 

a partir 

la luna enredada en mi vientre, 

me sonríe, 

cómplice de mi fuga. 


Me invita un barco a lo lejos, 

a partir 

y cuando el mar respira, 

y me moja con velocidad, 

siento fuego en mi interior. 


Observé, 

Mientras me iba, 

a los corazones confundidos, 

despertando, 

sin poder imaginar, 

las criaturas que pasaron delante de sus ojos, 

horas atrás. 


Y salí a buscar, 

entre lo salvaje de mi locura, 

algún delirio que tenga gusto a Amor.